La otra cara del Bolo Alimenticio


Por fin con sus motos aunque todavía a falta de un papel, Nacho y Fran continúan su viaje, pero en barco, para poder avanzar algo después de tantos días “encerrados” en Dakar. En el barco tienen la suerte de comer y dormir, pero gracias a la bondad de una grupo de senegalesas.

Blanca preocupada porque han “huído” sin resolverlo todo y regañando a su hija porque está hablando mientras come…

La otra cara del Bolo Alimenticio by Nacho

Nos acabamos de escapar de las aduanas de Dakar sin pagar al transitario (Alí) y sin los papeles de las motos, hemos aprovechado que el vigilante se ha ido a tomar un café para arrancar las motos y salir del depósito de las aduanas echando leches. Estamos hartos de que nos tomen el pelo.

Para escaparnos de Dakar sin correr riesgos de que nos pare la policía y para recuperar los días perdidos en sacar las motos de la aduana, elegimos irnos en barco. Tomamos uno que hace la ruta Dakar – Ziguinchor en unas 14-16 horas, el barco salía a media tarde de Dakar y llegaba a Ziguinchor como a las 10 de la mañana…

Barco a Ziguinchor

Por supuesto y siguiendo la norma de nuestro viaje, compramos los billetes 1 hora antes de embarcar y sin saber muy bien cómo funcionaba la travesía. Hasta ahora, lo poco que habíamos planificado no nos había servido para nada.

Ziguinchor es la capital de Casamance, región con fama de problemática en Senegal (actualmente hay una guerrilla que está luchando por la independencia).

Nada más entrar en el barco nos quitaron todo el equipaje que tuvimos que dejar en la bodega, así que nos quedamos con lo puesto y con mucho miedito porque teníamos pocas cosas pero imprescindibles para continuar el viaje, por no hablar de las cámaras, etc.

En el barco solo había un bar que servía todo tipo de bebidas y algunos bocadillos (hasta que se acabaron). Rápidamente nos dimos cuenta de que los locales iban mucho mejor preparados que nosotros para la travesía. En cuanto anocheció la gente empezó a sacar todo tipo de viandas y se pusieron a comer y beber como locos mientras nosotros mirábamos y todo esto ambientado por una música atronadora mezclada con el ruido de los motores del barco.

Interior barco Ziguinchor

Y allí estábamos nosotros en cubierta, con un frío de muerte y más hambre que el perro de un ciego, hasta que un grupo de señoras, sentadas en el suelo, nos invitaron a cenar con ellas.

La hospitalidad africana no tiene límites, no sólo nos dieron de cenar, sino que nos hacían el bolo alimenticio con sus propias manos, mezclaban el arroz con el pescado, lo hacía una bola y nos lo daban.

Esto, que en otra situación puede resultar “desagradable”, fue para nosotros un momento muy entrañable, una autentica demostración de integración entre culturas diferentes y ayuda al que ves necesitado. ¡Intercambio de papeles!

Después de la cena y como por supuesto no teníamos camarote, ni había cuando compramos el billete, ni lo hubiésemos pagado porque la economía no lo permitía, nos echamos a dormir tirados en el suelo de una de las salas de butacas del barco, mientras la gente nos observaba, no como turistas sino como auténticos vagabundos…

Durmiendo en barco a Ziguinchor

La otra cara del Bolo Alimenticio by Blanca

Digamos que casi en directo, sabía que por fin tenían las motos y las subían al barco camino a Ziguinchor, lo que significaba que el viaje continuaba…por fin. Perfecto, si no fuera por el comentario de pasada de “nos falta un papel y no sé si podremos cruzar la frontera nosotros y las motos a Guinea, pero nos arriesgamos. Estamos hartos.” Total, nada. ¿Qué es un papel por allí?, ¿retenerte en vete tú a saber dónde?, ¿Qué te persiga la policía?, ¿tener que abandonar las motos?, ¿cancelar el viaje después de todo? Nada. No pasa naaaada.

Mi moto entrando en barco a Ziguinchor

El tema de la comida que le ofrecieron en el barco para mí no cobró ninguna importancia. Sólo pensé un ¡qué bien!, han podido comer y dormir. La cosa cambió cuando ya estaba de vuelta y nos enseñó el video a nuestra hija y a mí. Toooooodos los días regañando a mi hija porque cuando come tiene el brazo debajo de la mesa, o se pone a cantar, o se levanta, o mete el pelo en la comida, y de repente, ¡el bolo alimenticio! Y por si fuera poco, a dormir al suelo.

Lo que realmente me dio que pensar fue cuando el comentario de nuestra hija ante tal mimetización al africanismo tribal consistió en “¡mamá!, como ronca…”.

Anda, vamos a cenar.

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2 pensamientos en “La otra cara del Bolo Alimenticio

  1. ARTUROBIX

    Ya esta amigo Nacho ya te encontré, seguiré con atención tus aventuras y procuraré ser crítico con ellas(constructivo por supuesto), nos vemos un abrazo!!
    Por cierto he visto que tienes un perfil en facebook, espero ver muchas fotos por ahí, chao!

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